“La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba”. (Proverbios 14:1).

Cuando  mi hermana tuvo su primer hijo, su esposo y ella decidieron  que ella dejaría de trabajar fuera de casa  hasta que los niños crecieran. Ellos habían entendido que era bueno que los primeros años de sus hijos, los pasaran con su madre.  Ella, quien desde muy joven laboró en el área de finanzas,  empezó a trabajar un cliente desde su casa visitándole una vez al mes. Sacrificó vestuario, imagen, salidas a sitios elegantes y muchas cosas más. Cuando su tercer hijo ya estaba en el colegio, empezó a trabajar varios días a la semana, solo en las mañanas. Luego siguió ampliando su cartera de clientes, y hoy desarrolla junto a sus hijos, ya adultos;  una empresa exitosa de consultoría financiera.

Mi hijo pequeño tenía 3 años cuando finalmente comprendí que debía confiar en el Señor y dejar el empleo; que me separaba de mi casa por casi 12 horas y que nos permitía cierta estabilidad económica.  Unos meses después de haberlo dejado, me llamaron para laborar en el colegio de nuestra  congregación, donde estudiaba mi hija. Ocho años después sigo sirviendo al Señor; desde un empleo que me permitió estar cerca mientras mi hija se hacía adulta, y que me da el privilegio de acompañar a mi preadolescente,  en su paso a esa etapa tan difícil.  Hemos pasado momentos difíciles en lo económico, pero Dios ha suplido lo necesario en cada situación.

Como estas historias, conocemos muchas más; en nuestras iglesias, en nuestras familias, en la Biblia. Son las historias de mujeres ordinarias, que entendieron el llamado extraordinario que tiene cada mujer a edificar su casa. Todas tienen un común denominador: hubo una decisión de creerle a Dios y no a las circunstancias. Es el testimonio de que Dios es Fiel  a cada una de sus promesas. La Palabra nos dice en Salmos 34: 5 “Los que a Él miraronfueron iluminados; sus rostros jamás serán avergonzados.

Hermana amada, el mundo tiró su red de engaño y mentira para atrapar a nuestros hijos. No le dejemos la tarea de librarlos a la iglesia ni al colegio cristiano. Nosotras hemos sido llamadas a  defender con sabiduría nuestras casas, nuestras familias, nuestros hijos. Es un tiempo de siembra el que Dios nos pide. Solo unos pocos años y ellos luego se irán de nuestro lado. Vale la pena postergar,  o aun abandonar nuestros sueños, por la causa de Cristo.

Oración: Padre ayúdanos a tomar decisiones sabias en lo referente a nuestras familias. Que podamos vivir de acuerdo a Tus prioridades, no a las nuestras. Tú eres nuestra ayuda en todo tiempo, permite que podamos verlo. En Cristo Te bendecimos. Amén.

Alabanza: Mi Roca, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=TGf-X47EK9s