En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino”. (Daniel 1:20)

¡Cuántas personas engañadas existen en el mundo!

Si no hubiese personas tan ingenuas y crédulas, de seguro que los periódicos (un medio supuestamente objetivo) no se ocuparían de publicar los horóscopos día tras día. Es increíble ver cómo hay gente que rige su vida y toma decisiones confiando en las supuestas revelaciones que traen las cartas astrales y los signos del Zodíaco. Práctica esta que constituye una verdadera abominación ante los ojos de Dios (Dt 18:9-14).

Pero pronto Dios se revelará en contra los hombres perversos que se valen de la ignorancia e ingenuidad de la gente para sacarles provecho, mantenerlos embaucados y manipularlos a su antojo.

No seamos infantiles en nuestra manera de pensar sino maduras, la astrología es una ciencia espuria que se origina en el mismo infierno bajo la autoría del mismo Satanás. El usa como sus representantes a personas de entendimiento corrupto y astuto de palabras, haciendo creer a muchos que su destino está inscrito en las estrellas y que sólo ellos han sido “iluminados” para interpretarlos. Los asociados a ella atraerán sobre sí el juicio de Dios (Is 47:13-14).

Sin embargo, en los hijos de Dios existe un Espíritu y un conocimiento superior, como fue evidente en el caso de Daniel: “En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó (a Daniel y sus amigos), los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino (Dn 6:3, 1:20). A este Dios le reveló la interpretación exacta del sueño del Rey (Dn 2:36), que ninguno de los magos y astrólogos que servían en la corte real y ni aun en todo el reino imperio babilónico, pudieron descifrar.

El Señor prohibió terminantemente a los hijos de Israel participar de las prácticas abominables de los paganos (Dt 4:19), como también nos lo prohíbe a nosotras hoy. Todas las veces que Israel participó de sus pecados, fue severamente castigado por Dios (2R 17:16).

Amada, Dios ha creado las estrellas no para que las adoremos ni tratemos de leer en ellas nuestro destino, sino para que veamos su gloria y sabiduría. Para que al contemplar la grandeza del firmamento y la belleza de los astros maravilladas concluyamos: ¡Cuán grande es El!, y le rindamos adoración.

Oración: Perdóname ¡Oh Dios! por rendirle culto a los astros. Quiero adorarte solo a Tí; al Creador, quien hizo todas cosas con la Palabra de su poder. Gracias porque Tú eres el Astro Mayor; el que sustenta mi suerte. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Vengo A Adorarte, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=aVnM1Tupj5o