Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de sus pecados”. (Jeremías 31:34)

No existe lenguaje humano para describir la inescrutable misericordia de Dios para con los pecadores.

Misericordia significa: “acorde a nuestra miseria”, y eso es exactamente lo que Dios ha hecho con nosotras; mostrarnos su amor y su gracia cuando estábamos sumidas en la más profunda miseria del pecado. El nos nos salvó en Cristo Jesús a pesar de nuestros hechos malvados (Ro 5:8).

Como juez justo de toda la tierra, decidió voluntariamente hacerse hombre en la Persona de su Hijo, como la muestra excelsa de su amor hacia la humanidad caída, y habiéndose encarnado tomó forma de hombre y compartió todas nuestras miserias. El soportó en los días de su carne la mentira, la traición y la hipocresía de los pecadores, con el único propósito de ofrecer su vida en el madero, y allá en el Calvario ocupar nuestro lugar, como un sacrificio vivo para el perdón de nuestros sus pecados.

Mereciendo nosotras sólo la ira de Dios, la muerte, la condenación y el infierno, El, por medio del sacrificio de su Hijo, nos ofrece el perdón, la salvación y vida eterna. Y los más asombroso de todo es lo que dice Jeremías “…Y no me acordaré más de sus pecados”. No importa la profundidad, la gravedad, la frecuencia, la intensidad y lo sucio de los pecados cometidos, Dios dice que por la gracia otorgada en Cristo, que nunca más, nunca más se acordará de ellos. Una vez que hayamos confesado nuestros pecados, y hayamos recibido el perdón por medio de la sangre de su Hijo, Dios nos trata como si NUNCA los hubiésemos cometido, como si nunca hubiésemos violado su ley.

¡Cuán insondable es el amor de Dios! que nunca nos enrostrará nuestros pecados. ¡Qué diferencia de nosotras que jamás olvidamos las ofensas y no mostramos ningún tipo de misericordia ante los errores cometidos por otros, sino que en cada oportunidad traemos a colación las faltas cometidas!

Mas Dios ha arrojado nuestros pecados a las profundidades de la mar para que nunca más salgan a flote (Mi 7:19). Allí están todos nuestros pecados: aplastados para siempre abajo la presión infinita del peso de la cruz, sin ninguna oportunidad de escapar de la presión de su amor y su gracia.

Hermanas, la buena noticia es que Dios no sólo ha perdonado cada uno de nuestros pecados, sino que también los ha borrado para siempre. Y mejor aún, nunca más, nunca más se acordará de ellos. ¡Gloria a Dios por siempre! Amén

Oración: Gracias Señor por hacer borrón y cuenta nueva. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: El Nos Ama, CD’Clario – https://www.youtube.com/watch?v=Ko7C6T3ZQ4M