“Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;..” (Filipenses 3:9)

¡Qué hermoso es ver a las personas profesar su amor por Dios públicamente!

No obstante, muchas dan testimonio de su amor por él, pero como dicen: “a su manera”; esto es, conforme a la ley de su propio corazón.

El apóstol Pablo amaba al Señor, y consecuentemente su deseo más ardiente era “ser hallado en él no teniendo su propia justicia que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe -en Cristo-”.

Hay una sola manera de amar a Dios y llegar a él… por la fe en Cristo Jesús. Esta es la fe que nos permite conocerle, agradarle y llegar a ser semejantes a él al participar de su muerte, y mediante esa misma fe levantarnos a una vida nueva (v.10). Es esa nueva vida la que nos da el poder para amar a Dios y agradarle “a su manera” y no la nuestra.

Es el amor por la fe en Cristo que nos lleva a negarnos a nosotras mismas y “estimar todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de él,.. y tenerlo todo por basura, con tal de agradarle” (v.8-9).

El genuino amor a Dios jamás podrá ser “a nuestra manera”. Requiere perdernos en Cristo y ser halladas en él y no en nosotras mismas, ¡oh! porque solo Jesús es el Amado en quien se complace el Padre.

Amada, amar a Dios verdaderamente es estimar a Su Hijo como la posesión más preciosa y valiosa, delante de la cual todo lo demás se reduce al valor del estiércol, pero que luego él vuele a levantar con el nuevo valor que mediante su muerte él le confiere.

Oración: Perdona Padre mi osadía al pretender poner las condiciones de mi amor por Tí. Gracias porque la única manera de amarte verdaderamente es perdiéndonos en Cristo. ¡Alabado sea su nombre para siempre! Amén.

Alabanza: Mi Amor Por Tí, Peregrinos y Extranjeros – https://www.youtube.com/watch?v=aPSxiJP_8jI

Violeta Guerra Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016 –www.Maestrasdelbien.org

Compartir
Artículo anteriorResucitó
Artículo siguienteNo Me Avergüenzo