Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas” (Eclesiastés 2:13).

Salomón es el autor por excelencia del tema de la vanidad y la sabiduría. Siendo el hombre más sabio y rico de la tierra (1R 3:12) y con el mayor potencial de ser felíz, concluyó que en la vida  “todo es vanidad y aflicción de espíritu” (Ec 1:2, 14). Irónicamente lo aprendió por necio.

La Biblia nos enseña que la vanidad y necedad consisten primordialmente en buscar nuestra realización y depositar nuestra confianza en las cosas mundanas, excluyendo a Dios. Salomón lo comprendió después de una larga temporada de experimentación en el mundo:

  • Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes (Ec 2:1)
  • Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino (Ec 2:3)
  • Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas (Ec 2:4)
  • Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados (Ec 2:8)
  • No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno (Ec 2:10)

A todo esto su conclusión fue: “Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol” (Ec 2:11).

Al igual que Salomón, muchas son las que buscan encontrar la felicidad y el significado de su vida en su esposo, sus hijos, el placer, el materialismo o la realización personal, desestimando y desatendiendo por completo su relación con Dios. Todo para sentirse vacía y defraudada vez tras vez.

Algo importante que hizo Salomón fue volver a mirar y reconsiderar su vida (Ec 2:12). Al hacerlo se  dio cuenta de que “la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas” (Ec 2:13). Con este conocimiento le dice a los jóvenes: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años en los cuales digas: no tengo en ellos contentamiento” (Ec 12:1).

Amada, es sabio reconsiderar nuestros caminos y volvernos al Señor (Lm 3:40), antes que vengan los días malos y se oscurezca el sol de nuestros ojos (Ec 12:1-2). De manera que si las vanidades de la vida te han llevado por caminos alejados de Cristo, y en los cuales no tienes contentamiento, es hora de ser sabia y levantar tu corazón y tus manos a Dios en los cielos (Lm 3:41).

Oración: Gracias Señor porque Tú “no desechas para siempre; antes si afliges, también te compadeces según la multitud de Tus misericordias” (Lm 3:31-32). Por Cristo Jesús, amén.

Alabanza: Se Tú Mi Visión, Jonathan y Sarah Jeréz – https://www.youtube.com/watch?v=zvj-NSwC210

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