“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).

Por un largo tiempo estuve sufriendo por una ofensa que me había hecho una persona antes de haberme entregado al Señor. Esta ofensa regresaba a mi mente por momentos y con ella también un dolor profundo que me hundía en la depresión.

Todo ese tiempo me había negado a perdonar a mi ofensor, pues entendía que no lo merecía. Sin darme cuenta, me estaba castigando a mí misma. Me encontraba en una espiral de dolor y sufrimiento, aún siendo cristiana. Pero lo más ridículo es que aquella persona estaba totalmente ajena a mi condición porque nunca le hice saber que me había ofendido.

Un día, el Señor abrió mis ojos con este pasaje de Efesios 4:32. Me recordó que Jesucristo me había perdonado a mí sin merecerlo. Entonces, ¿no podía yo perdonar a otro? No era la otra persona quien estaba mal, ¡era yo!

Las palabras del Maestro de Galilea atravesaron mi duro corazón y entendí que había llegado el momento de  perdonar. Mi vida fue sanada instantáneamente. El gozo halló cabida en mi ser, situaciones en mi hogar fueron resueltas, y mi vida espiritual tuvo un crecimiento impresionante.

Ahora sólo podía derramar lágrimas de gozo al estar en la presencia de Dios con libertad absoluta.

Oración: Amante Dios, gracias por la libertad que nos otorga el perdonar a otros. Sensibiliza mi corazón para hacerlo siempre, así como lo hiciste conmigo mediante el sacrificio de Cristo. Por quien oramos, amén.

Alabanza: Preciosa Sangre, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=O7IAQt3aeqg

Jazmín Guzmán de Pérez para Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016 –www.Maestrasdelbien.org

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