“Porque para mí el vivir es Cristo” (Salmo 115:12).

Este es posiblemente, el texto que más me cautiva. Hoy quiero presentarlo como testimonio personal, es decir, desde mi experiencia de vida. Espero te anime a pensar en la tuya.

Cristo es la razón de mi vida. En Él tengo vida, y vida eterna. Fui alcanzado por Él cuando era todavía un niño. Lo recibí como Salvador y me entregué a Él. En aquella ocasión me hizo el regalo de Su gracia, salvándome eternamente. Cambió el trono de juicio por el de gracia, y la acusación condenatoria por la misericordia, perdonando todos mis pecados. Me sustituyó en Su muerte y me dio Su vida. Me retiró del lugar de perdición y me trasladó a Su reino. Miro hacia arriba y puedo sentir que “ya no hay ninguna condenación” para mí. Es verdad que muchas veces caigo y no siempre le soy fiel, pero Él es fiel para conmigo. Ha cancelado mi pasado, asegura mi presente y garantiza mi futuro, por eso tengo que testificar que “para mí el vivir es Cristo”.

Lo es también como modo de vida. En cada instante está a mi lado para fortalecerme, restaurarme y sustentarme. Cientos de experiencias con Él son los hitos que marcan mi camino. Ha permitido que mis recursos se agotasen para hacerme llegar desde entonces cuanto me fue necesario conforme a Su pensamiento. Permitió también que mi vida estuviese en peligro de muerte, para mostrarme que sólo en Él están los recursos de salud y fuerzas para seguir adelante. También consintió que algunos se levantasen contra mí, con calumnias y maledicencias, acusándome de haberme desviado de la doctrina, procurando cerrar las puertas a mi ministerio, pero Él no solo las mantiene abiertas, sino que ha puesto otras muchas delante de mí para seguir sirviéndole. Cuanto algunos intentaron privarme de recursos para el alimento y la vida cotidiana, ha enviado una provisión abundante de modo que nada me falta. En los momentos de tristeza, cuando las lágrimas eran mi pan cotidiano y las preguntas sin respuesta agobiaban mi alma, se hizo recurso de gracia para mí. Cuando me sentí solo, estuvo siempre a mi lado. Y en el momento en que tuve necesidad de claridad para el camino, alumbró cada instante con su admirable luz. Por eso tengo que decir con gratitud, “porque para mí el vivir el Cristo”.

Ahora miro al futuro. No sé cuánto tiempo de vida y servicio el Señor tiene dispuesto para mí. Sin embargo el final está cada vez más cerca, pero, al término de mi carrera, para recogerme, está el Señor. Un día pasaré por las puertas de perlas y caminaré por las calles de oro. Allí delante de su Trono de Gloria, podré postrarme en adoración perfecta gozándome de Su presencia y contemplando la gloria de su amor que me permitirá un disfrute eterno de “delicias a su diestra para siempre”. Entonces entenderé lo que ahora no entiendo y tendré respuestas a las preguntas que son ahora un enigma para mí.

Oración: Gracias Señor, porque en la gloria, delante de los redimidos y de Tus gloriosos ángeles, diré para siempre como testimonio perpetuo que “para mí el vivir es Cristo”. Amén.

Alabanza: Mi Vida Es Cristo, Sarah Jeréz – https://www.youtube.com/watch?v=3JyUOYQkCjc

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org