Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es mayor en el reino de los cielos“. (Mateo 18:4).

Cristo como buen maestro, estaba siempre aprovechando todas las oportunidades para enseñar a sus discípulos verdades imprescindibles para sus vidas (y las nuestras).

En el capitulo 14:1, Mateo registra una de esas verdades: Los discípulos se acercaron a Cristo para hacerle una pregunta, producto quizás de una conversación previa que habían tenido. Quizás ellos se preguntaban ¿Cómo se evalúan las cosas en el reino de los cielos. Algo que desde el punto de vista humano es lógico querer saber, porque este es el marco en el que se desenvuelve el hombre.

En todo reino hay personas que ocupan lugares y puestos destacados, entonces: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? le preguntaron (Mt 18:1b). Acto seguido Cristo llama a un niño, y les dice: “De cierto, de cierto os digo, que si no os volvéis como niños no entrareis en el reino de los cielos” (Mt 18:3). El versículo siguiente explica cómo esto puede ser posible: “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos” (Mt 18:4).

Cristo enseña dos principios para alcanzar reconocimiento en el reino de los cielos:

  1. Es posible para cualquier persona; “Así, que, cualquiera…“. Esto, contrario al mundo en el que es difícil ser grande y famosa.
  2. Hay que ser humilde; “que se humille…“. Contrario al mundo en el que hay que tratar de sobresalir y ser la mejor.

La humildad es el acto por el cual el hombre o la mujer adoptan una actitud sin pretensión que es contraria a la soberbia. No se juzga a sí misma mejor que nadie ni exige que se le considere merecedora de alguna distinción.

El Señor está dando a conocer que en el reino de los cielos las cosas no se “evalúan” como se hace en la tierra. Los valores que Dios utiliza son completamente diferentes, como por ejemplo:

  • “Peca el que menosprecia a su prójimo” (Pr 14:21)
  • “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes” (Stg 4:6)

Ya el mismo Señor Jesucristo había dicho anteriormente: “aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11:29). Son incontables los textos que encontramos en la Biblia exaltando la humildad, dejándonos claro que es ella la actitud y la virtud que Dios siempre tiene en cuenta,  y que no es bueno inquietarse por sobresalir.

También el apóstol Pablo aconseja en Filipenses 2:5 “haya, pues, en vosotros este sentir que hubo en Cristo Jesús” -haciendo referencia la humildad-, “el cual, siendo Dios se hizo hombre despojándose de toda gloria, y se humilló hasta lo sumo hasta hacerse obediente hasta la muerte” (Fil 2:5-8). ¡El ejemplo sublime y perfecto al cual debemos aspirar!

Entonces, ¿quiénes serán las mayores en el cielo? Las humildes. Pero eso se aprende y aplica aquí.

Oración: Padre misericordioso y bueno, Señor del cielo y la tierra, todo lo hemos recibido de Tí y por Tí. Ayúdanos, transforma nuestros corazones para desear ser humildes porque sabemos que “al corazón contrito y humillado no despreciaras tú, oh Dios” (Sal 51:17b).  Por Cristo  Jesús te lo pedimos, amén.

Alabanza: Aun En Medio del Dolor, TWICE – https://www.youtube.com/watch?v=rAcUagMmYRE

Rosa Glennys Silva para Maestras del Bien – Derechos Reservados © 2016  – www.Maestrasdelbien.org