“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” (1 Corintios 15:10).

En muchas ocasiones nuestras preocupaciones descansan en un modo equivocado de ver las cosas. Estamos muy afectados por como estamos, pero nos olvidamos de apreciar lo que somos. Cuantas veces nuestras quejas y afanes son como consecuencia de decir estoy enfermo, estoy abatido, estoy solo, estoy angustiado, y otras muchas cosas que pueden producirse y que nos privan del gozo, y de la paz personal. Sin embargo no tenemos en cuenta que cuando digo estoy, señalo a algo temporal y transitorio. Hoy estoy triste, pero espero que mañana tenga alegría; estoy enfermo pero confío que sanaré; estoy abatido, sin embargo desaparecerá esta situación en algún momento. ¿Es esto lo que nos aflige?

El versículo orienta nuestra visión no a como estamos sino a lo que somos. Esto tiene relación directa con la gracia de Dios. El apóstol dice que por la gracia de Dios soy lo que soy. Nosotros podemos decir lo mismo. La gracia nos ha hecho salvos. La salvación que otorga el perdón de pecados y la vida eterna, nos ha sido dada por gracia (Ef 2:8-9). Nadie podrá alterar eso. Ni ángeles, ni hombres, ni situaciones, ni conflictos podrán quitarme esa bendición. Debo sentirme gozoso porque no hay ya ninguna condenación para mi (Ro 8:1). Además soy hijo de Dios.

No es algo pasajero, Él no repudia a sus hijos. Me ha adoptado en Su familia, introducido en Su casa. Disfruto de una relación admirable que produce seguridad absoluta. Mi Padre sabe de que cosas tengo necesidad (Mt 6:32). El que cuida de las aves y viste las flores, me tiene a mí como algo más importante, de modo que hará provisión de cuanto me sea verdaderamente necesario. Siendo hijo de Dios, soy también Su heredero. Me hace compartir la herencia eterna con Su Unigénito, del que soy coheredero (Ro 8:17). Dios ha hecho todo en Cristo, por Cristo y para Cristo, de modo que “todo es mío”, ¿acaso no reservará algo que no me de? La respuesta es firme: “todo es vuestro… sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, y vosotros de Cristo y Cristo de Dios” (1 Co 3:22-23).

Tal vez mis cosas más queridas me han sido quitadas, pero no es una pérdida irremediable, sino una ausencia temporal, no puedo perder nada porque en Cristo tengo todo. Soy también vencedor, así leo en la Biblia: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Ro 8:37). Sí, donde yo veo derrota, Dios ve victoria. Me parece que todo es inútil y estoy derrotado, pero la realidad es otra, cuando veo no como estoy sino como soy, y oigo al Señor que me dice: “yo te llevo en triunfo siempre en Cristo Jesús” (2 Co 2:14). Tengo victoria siempre, no en alguna ocasión. La gracia me sustenta. El omnipotente Dios está por mí. El Señor es mi amparo y fortaleza. La mano taladrada en la Cruz por mí, es una mano victoriosa en la que estoy seguro. Puedo, tal vez sentirme desamparado de los hombres, pero tengo el amparo de Dios.

Oración: Gracias Padre porque bien puedo hoy, agradecido, levantar mis ojos y mirar seguro el futuro, porque “por la gracia de Dios, soy lo que soy”. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Me Amaste A Mí, CD’Clario – https://www.youtube.com/watch?v=dKZ1TX_jANk

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org

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