“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1).

Todo creyente asegura que cree la sana doctrina. Sin embargo, pocos son los que la viven. Pablo sabía esto. Por eso en Tito 2 él describe el carácter que debe caracterizar a quienes consienten en poseer la sana doctrina.

Conocer la sana doctrina no equivale necesariamente a vivirla. Son muchos los profesantes y pocos los practicantes. Conocer la sana doctrina es necesario y un buen punto de partida para la carrera cristiana, pero la meta es vivirla intencionalmente día tras día.

La sana doctrina es la estructura que sostiene la fe verdadera, pero la vivencia de ella constituye su carne y hueso. La práctica es lo que le da vida y manifiesta la vida de Cristo en nosotras. Por eso el apóstol hizo hincapié no en la teología, sino en la vida personal de los creyentes. Tanto así que la base de la elección de los líderes de la iglesia no está en su conocimiento, sino en su calidad de vida.

Conocer la Biblia sin vivirla es peligroso pues Dios demandará razón de lo que hemos hecho con ese conocimiento. Pablo le exhortó a Tito a que se presentara como ejemplo de lo que enseñaba, y que el ejemplo fuera la manera por excelencia de enseñar la Biblia y la eficacia de la vida de fe.

Amadas, lo que la gente más necesita es ver la Palabra de Dios encarnada de manera real en tí y en mí para que el evangelio sea creíble y atractivo para ellos.  El mundo espera ansioso ver que tú y yo vivimos de acuerdo a los que decimos creer. ¡Mostrémosle los hechos!

Oración: Padre ayúdame a mostrarte a Tí en todo lo que hago. Que no haya ambigüedad en mi comportamiento, y que se haga evidente que vivo por y para Tí. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Reinas Por La Eternidad, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=LvnnDqpsqQ0

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