Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 1:2).

Para algunos, parece extraño que la salud del cuerpo tenga algo que ver con la vida espiritual; sin embargo, existe una relación estrecha entre ambas. La mente y el cuerpo trabajan tomadas de la mano.

El cerebro, en verdad, es un órgano físico y todo lo que afecta a la salud del cuerpo ejerce algún efecto en la mente.  Dios por su parte, se comunica con nosotras por medio del Espíritu, e impresiona Sus verdades en nuestra mente.  Si la misma estuviere debilitada por enfermedades o algún pecado, la avenida de comunicación de Dios con nosotras se perjudicaría y nuestro crecimiento espiritual disminuiría.

Juan deseaba que sus amigos tuvieran buena salud corporal y espiritual. Y el deseo de Dios es que disfrutemos de buena salud.  Algunas no tienen salud debido a problemas hereditarios y otras debido a la desobediencia a las leyes naturales y espirituales. Sin embargo, cuando seguimos los principios establecidos por Dios, podemos disfrutar personalmente de una mejor salud.

La buena salud corporal empieza por una dieta regular y balanceada. Y la buena salud espiritual por una dieta regular y balanceada de la Palabra de Dios. Asegurémonos de ingerir lo suficiente cada día para fortalecer nuestro hombre interior y estar fuertes contra toda amenaza de virus y enfermedad.

Oración: Gracias Señor por interesarte de manera integral en nuestra salud. Que Tú Palabra sea el plato principal en mi corazón cada día. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Hambre De Tí, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=K-tA14s1HAA

Carmen de Corniel para Maestras del Bien ©2016  www.maestrasdelbien.org