“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A Él sea la gloria, y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1 Pedro 5:10-11).

El apóstol Pedro escribe una carta en la que los conflictos, sufrimientos y dificultades aparecen continuamente. En el versículo anterior llama a la firmeza y pone delante un enemigo que es en todo superior a nuestras pobres y débiles fuerzas personales. Ante este adversario, el diablo, se pide a cada creyente que lo resistamos manteniéndonos firmes en la fe.

Es difícil en medio de las dificultades, aflicciones y ataques mantenerse firmes. Los rugidos de nuestro enemigo nos atemorizan; sus ataques debilitan nuestras fuerzas; pero, el mandamiento se mantiene y debe ser cumplido. Muchas veces, en los avatares de la vida alguno viene a nuestro encuentro para exhortarnos a la firmeza y la perseverancia. Nos llenan de textos bíblicos, nos presentan ejemplos de los héroes de la fe, para exhortarnos a superar nuestras angustias, mientras nos recuerdan que el verdadero creyente no tiene razón para vacilar, sentir tristeza, estar en angustia, mientras nos dicen llenos de santa determinación que somos más que vencedores en Cristo Jesús. Es fácil decir tantas cosas cuando se está disfrutando de quietud personal.

Pedro se da cuenta que la demanda de resistir firmes es superior a cualquier posibilidad del creyente, pero puede alcanzarse por la provisión que “el Dios de toda gracia” nos hace llegar en su momento oportuno. Los recursos para la victoria provienen de Él. Todo favor procede de Su gracia (Stg 1:17), y las reservas son inagotables, porque “Él da mayor gracia” (Stg 4:6). Lo hace porque “nos ha llamado a su gloria eterna”, es Su eterno propósito para cada uno. Las riquezas de Su gloria nos han sido reservadas (1 P 1:4).

En el entorno terrenal hay sufrimiento, pero Él lo orienta para que en lugar de angustia produzca en nosotros un “cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. El aliento ante el conflicto se manifiesta al decirnos que es por un poco de tiempo. La prueba puede ser intensa pero dura poco. El Señor nos perfeccionará en el conflicto, literalmente nos restaurará, a quienes estemos maltrechos en la batalla de la fe. Cuando otros abandonan, Dios restaura. Además nos pide que estemos firmes y Él mismo nos afirma, dándonos los recursos de Su poder personal. La falta de fuerzas podrá manifestarse, pero Él nos fortalecerá, de modo que podemos decir con Pablo, “cuando soy débil entonces soy poderoso”. No debemos olvidar que nuestras fuerzas con las de Dios son siempre menos que las de Dios solo. Dejamos de luchar para sentir que Él lucha por nosotros. Además también nos establecerá, colocándonos en un lugar inconmovible. Dios establece los cimientos seguros para que podamos resistir firmes en la fe.

Oración: Padre, al ver la provisión de la gracia divina para mi vida, al sentir la seguridad en medio del conflicto, tengo que decir: “a Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.”

Alabanza: El Dios de Toda Gracia, MWitt – https://www.youtube.com/watch?v=P8tctQtEFHM

Samuel Pérez Millos – Ministerio Pastoral Aliento © 2016 – Derechos reservados

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