Entonces tu fama se divulgó entre las naciones por tu hermosura, que era perfecta, gracias al esplendor que yo puse en ti, declara el Señor Dios”. (Ezequiel 16:14)

La belleza se ha convertido en un ítem muy importante en la vida de una gran cantidad de mujeres, que estimuladas por esta “necesidad” de verse hermosas,  van detrás de las tendencias de moda y llegan a someterse a  procedimientos estéticos que en el pasado estaban reservados para las personas  de gran poder adquisitivo. En la actualidad y gracias a las bondades del mercadeo y del sistema financiero, estos procedimientos están a nuestra mano con el Lay Away o Compra a Plazos y con el crédito. En muchos casos se ven tan presionadas en la persecución de los estándares de belleza establecidos por el mundo que más de una se ha ocasionado serios problemas financieros, de salud y en casos extremos hasta la muerte.

El escenario descrito pudiera parecer exagerado, pero sabemos que no lo es. Muchas no hemos llegado a la realización de nuestro sueño de belleza por causas mayores, pero nuestro corazón ya se ha rendido ante los encantos de esta tendencia.  La realidad es que una vez que logramos la primera fase de nuestra “restauración”, viene la segunda parte y si nos queda alguna duda sobre nuestro nuevo look, probablemente vendrá la tercera y así seguimos hasta que un buen día nos miramos al espejo y no sabemos quiénes somos porque hemos perdido la belleza original que Dios puso en nosotras al crearnos.

El apóstol Pablo nos dice en Romanos 12:2a que: no nos conformemos a este siglo, sino que nos transformemos por medio de la renovación de nuestro entendimiento. Esta es una exhortación que debería mantenernos alerta contra toda influencia de las cosas del mundo, del cual  no somos parte, aunque estemos en él. El estándar del mundo es muy diferente al  de nuestro Dios quien dice que: Engañosa es la gracia, y vana la hermosura (Pr 31:30a). A Él le interesa más que nada nuestra belleza interior.

Amadas, está bien que nos arreglemos y procuremos estar lindas, pero no hagamos un ídolo de nuestra belleza. Dios nos dice que ésta no radica en nosotras, sino en lo que Él ha puesto en nosotras; Su esplendor. Un día partiremos con Cristo y nuestros cuerpos resucitarán incorruptibles y seremos perfectas eternamente. No nos desgastemos detrás de algo que es efímero, y que desaparecerá ineludiblemente con los años. Que nuestra mejor receta de belleza sea nuestro corazón alegre, el cual hermosea el rostro. Ocupémonos en nuestra salvación y en la restauración de nuestra comunión íntima con el Padre.

Oración: Padre perdónanos por no procurar ser hermosas para Tí. Ayúdanos a enfocarnos más en los valores que nunca pasan de moda, y nunca pierden su encanto y esplendor.  En Cristo Te lo pedimos. Amén.

Alabanza Sugerida: Precioso Jesús, Esperanza de Vida – https://www.youtube.com/watch?v=dYgV4O2Hh8E

Belinda Castellanos para Maestras del Bien – © 2016 www.maestrasdelbien.org