“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos” (Salmo 84:4).

Estaba pensando en las grandes bendiciones que cada uno de nosotros recibimos de Dios a lo largo de nuestra vida. La traducción del Salmo 84:4 podría hacerse así: “Dichoso el que tiene en ti su fortaleza, que solo piensa en recorrer tus sendas”. El primer sustento de la bendición es saber que la fortaleza personal está en Dios y es Dios mismo. Es el Dios omnipotente que da fuerzas al que no tiene ninguna. Las matemáticas divinas son siempre contrarias a la ciencia del hombre. Cuando multiplicamos algo por cero, por muy grande que sea el multiplicando, el resultado siempre será cero. En cambio para Dios es todo lo contrario, el nos toma a nosotros cuando no tenemos fuerza alguna y en su lugar pone la fuerza suya, para hacernos más que vencedores en Él. Esta provisión de fuerzas es necesaria para la vida cotidiana, para el servicio comprometido y también para las pruebas y aflicciones. Sólo Sus fuerzas pueden sostenernos. Esta es nuestra experiencia personal.

Ahora, al cabo de tiempo, viendo el pasado, tanto el lejano como el inmediato, nos damos cuenta que la fuerza de Dios nos ha tomado y nos ha conducido a lugares de delicados pastos, haciéndonos descansar junto a aguas de reposo. Aún en medio de circunstancias angustiadoras, extiende su mano, aparta la angustia y en su lugar pone la mesa de la comunión con Él, sobre ella el mantel de la gracia, para dialogar con nosotros y mostrarnos su amor infinito en medio de nuestras dificultades. Nos habla al corazón para decirnos que nos ama y que tiene grandes cosas para nosotros, algo que ni siquiera podemos imaginar.

Por eso, cuando leo el versículo tengo que afirmar con convicción y declarar: “Bienaventurado, dichoso, feliz el hombre que tiene en ti sus fuerzas”. No precisamos esforzarnos, porque no necesitamos usar nuestros recursos. Aquel que nos da las fuerzas nos da también el esfuerzo en ellas y nos hace sentir llenos de profunda paz. Pero, todavía tenemos otra bendición, a las fuerzas de Dios, la delicia de amar Sus caminos. Nuestra fuerza está en el Señor, nuestro corazón en sus caminos. En tales caminos no faltan las pruebas, pero no hay inquietud alguna porque antes nos ha provisto de sus propias fuerzas para poder soportarlas. He aquí su admirable promesa: “el da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”.  Que sintamos ahora mismo la felicidad de sabernos fortalecidos por Dios, y que disfrutemos en sus caminos amándolos entrañablemente.

Oración: Gracias Padre porque descansar en Tí hará de míi un creyente bendecido y de mi vida, una vida de bendición. Por Jesús, amén.

Alabanza: Aun En Medio Del Dolor, TWICE – https://www.youtube.com/watch?v=rAcUagMmYRE

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org