“En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. El solamente es mi roca y mi salvación; es mi refugio, no resbalaré mucho” (Salmo 62:1-2).

Leí con atención este Salmo y quedé impactado. El tema de Dios como Roca está presente en todo su contenido. Es una apelación a la fe afirmada en Dios que deja de confiar en cualquier otra cosa y está tranquilo frente a los peligros. El Espíritu nos hace subir a la altura de una fe que triunfa y expresa las emociones de un alma que descansa solamente en Dios. Este adverbio se repite seis veces en el Salmo y con él se inicia cada una de las tres estrofas que tiene. Veamos la primera de ellas, en la que se describe la plena confianza en la adversidad (vv.1-4).

La palabra solamente introduce el Salmo. Esa palabra excluye cualquier otra cosa. Nuestro corazón suele repartir la confianza entre Dios y nuestras cosas. La norma en la vida de fe es solamente Dios. Él tiene la exclusividad de nuestra confianza. El enemigo procurará debilitarnos conduciéndonos a buscar otras cosas, pero el Salmo nos conduce a buscar solamente a Dios. Esta palabra es el secreto de una vida tranquila, la provisión de una paz perfecta, la quietud admirable de la seguridad interior, la porción necesaria para nuestras vidas. Es tanto lo que significa que el alma guarda silencio, aún en las mayores adversidades. Sabemos que de Dios vienenuestra salvación. No solo lasalvacióndel perdónde pecados y de la seguridad de vida eterna, sino la de nuestras pruebas y conflictos. El Señor tiene provisión de gracia y grandeza de poder para intervenir en las contrariedades que nos alcanzan y que muchas veces no logramos entender.

Hay todavía una bendición más personal, porque no solo la salvación viene de Dios, sino que Él mismo es nuestra salvación. Se hace Roca de salvación, o como se lee en otros lugares torre fuerte, donde el enemigo no llega, las dificultades cesan, la inquietud no logra alcanzarnos, porque sobre la Roca estamos siempre más altos que cualquier prueba. El salmista nos dice: “Deja todo calladamente a Dios, alma mía; tu salvación es Él mismo, es tu todo y sobre esa fortaleza nunca serás derribado”. La presencia de Dios es suficiente para llenarnos de silencio confiando. Quien habla mucho de sus dificultades y problemas, por lo general habla poco de ellos a Dios. Nos gusta razonar cuando somos llamados a creer, como dice el antiguo himno: “¿Está el hombre desprovisto, de paz, gozo y santo amor? Esto es porque no llevamos, todo a Dios en oración”.

El creyente calla. Deja de oírse el ruido de los deseos en conflicto, y en silencio puede percibir a Dios que habla. Necesitamos guardar silencio para oír Su voz y escuchar lo que quiere decirnos cuando habla por medio de la tormenta que nos agita. Quiero mirarlo así, como mi roca y refugio. Soy insuficiente, pero confiando en Él no seré conmovido. Podré resbalar un poco, pero no será mucho. Sentiré un poco de temor, pero no seré derribado, porque sería necesario mover la misma Roca en que me apoyo.

Oración: Padre gracias porque podré preguntar: “¿hasta cuándo?” (v3), pero Tú me dirás: “Bástate mi gracia”. Tú Eres suficiente. Gracias porque Eres mi salvación, mi roca fuerte y mi refugio. En Cristo, amén.

Alabanza: Me Viniste A Rescatar, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=ST4zxBRVIPk

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