“Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos” (Salmo 119:48).

Estamos en una sociedad sin puntos de apoyo, donde la confianza desaparece porque no hay valores, ni personas en que confiar. No hay honestidad y han desparecido las respuestas convincentes a las preguntas fundamentales de la vida. Por eso la estrofa del Salmo (vv. 41-48), abre para nosotros la base firme para nuestra confianza, que es Dios, la orientación segura que es su Palabra, por eso “el que me oyere habitará confiadamente, y vivirá tranquilo, sin temor del mal” (Pr 1:33). La sujeción a la Palabra es la base de confianza para la vida, porque “en el temor de Jehová está la fuerte confianza” (Pr 14:26). La estrofa trata de la vida de fe.

Pide el salmista por provisión (v. 41). Tres cosas en ella. Primero por el conocimiento personal de la misericordia de Dios. El elemento esencial en la obra de salvación. Nuestra justificación es una obra de la misericordia. Pero también en esa misericordia descansa el cuidado permanente de Dios, con el aliento en las pruebas y la restauración en las caídas. La mayor bendición es que Dios “nos muestre amor permanente y fidelidad” (2S 15:20). Luego pide que “venga tu salvación”, no solo en la justificación, sino en los recursos para la vida de santificación, dependiendo de los recursos de la gracia (Fil 2:12-13). En tercer lugar, tu dicho, es decir, cada aspecto de la Palabra. En un tiempo en que la Biblia no es lectura habitual para muchos, y ha dejado de ser base en muchas predicaciones, el Salmo nos llama a desearla.

Luego pide por tener en su boca siempre la palabra de verdad. Es hablar conforme a Dios: “ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Ef 4:29). Pero también hay un modo de hablar silencioso que, sin palabras, por la conducta impacta en quienes nos rodean (1Pd 3:1). El salmista está diciendo algo así: No impidas mi testimonio dejándome sin tu ayuda; porque no podrá hablar de tu Palabra sin ella.

Estas peticiones acarrean un compromiso de vida, que se expresa en obediencia (v. 44). Lo que distingue al creyente es su disposición a obedecer la Palabra, aún en momentos de dificultad y prueba, no libera de la responsabilidad de la obediencia. También está el llamamiento a vivir en libertad espiritual (v. 45). Dios nos hizo libres para que lo seamos sobre la esclavitud de nuestro yo (Gál 2:20), de la carne (Gál 5;24) y del mundo (Gál 6:14). Esta libertad sólo es posible cuando vivimos sujetos a la Palabra, en el poder del Espíritu. La Biblia nos libra de la opresión que suponen las enseñanzas de los hombres. Sigue el compromiso de proclamar a todos nuestra fe (v. 46), especialmente con nuestro estilo de vida. Está también el compromiso con el gozo (v. 47), que va unido a la fe, pero no a la religión. El legalismo ha producido sufrimiento que quita el gozo, cargas impuestas que agobian el alma. La estrofa concluye con unas manos que se aferran a la Palabra (v.48), no se separan de ella porque la aman.

Oración: Gracias Padre porque la seguridad de las promesas de la Escritura me hará guardar la calma en medio de las pruebas. Lo hago con segura fe porque sé “Que Dios no desampara a sus santos. Para siempre serán guardados” (Sal 37:28). En Jesús, amén.

Alabanza: Glorioso, BJ Putnam  – https://www.youtube.com/watch?v=We9t45tn8wA

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2016  –www.Maestrasdelbien.org