“No estés con los bebedores de vino, ni con los comedores de carne; porque el bebedor y el comilón empobrecerán, y el sueño hará vestir vestidos rotos”. (Proverbios 23:20-21)

La mujer cristiana debe ser moderada en todos sus hábitos. Los excesos nunca son buenos y la Biblia nos llama a evitarlos. Hay cosas que son lícitas y que en nuestra libertad cristiana tenemos el derecho de participar de ellas. Pero nunca debemos permitir que nos lleguen a dominar o causar adicción, porque entonces dejan de ser una bendición para convertirse en un problema que puede atentar contra nuestra salud corporal y espiritual. Pablo enseña en 1 Corintios 10:23: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”. Y en 1 Corintios 6:12 dice: “Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar de ninguna”.

El uso de nuestra libertad cristiana está regulado por tres grandes principios:

  • Primero, que de lo que participamos sea conveniente para nuestra vida cristiana.
  • Segundo, que contribuya de alguna forma a nuestra edificación. Y
  • Tercero, que no cause adicción o llegue a controlarnos en ningún sentido.

Una de las áreas en la que muchas fallan tiene que ver con la comida. La falta de control frente a los apetitos físicos está íntimamente relacionada con la falta de dominio propio. A veces, nos escandalizamos frente a pecados tan horrendos como el adulterio, el robo y el asesinato, pero no nos afecta el hecho de que seamos dominadas por la glotonería. De eso trata el texto de hoy. Salomón nos invita a hacer uso del fruto del Espíritu que es la templanza o dominio propio, y nos recuerda que ante la tentación que se presenta en forma de exquisitas comidas y deliciosos vinos, consideremos nuestra actitud para que no cometamos excesos que luego atentarán con nuestra salud y nuestros bolsillos  (Pr 23:20-21). Si somos incapaces de controlar nuestros hábitos alimenticios, es muy probable tampoco podamos controlar otras áreas que afectan la vida espiritual, como son la pornografía, la lujuria, la lascivia, la ira, la avaricia, etc.

Muchas cristianas jamás considerarían tomar un vaso de cerveza o fumarse un cigarro, lo cual es correcto, pero no lo piensan dos veces a la hora extra limitarse con la comida hasta el punto de sentirse que van a explotar. Hay quienes, apenas acaban de comer y quince minutos después ya tienen hambre. Hay otros que tienen que mantenerse picando a lo largo del día, y hay quienes son capaces de comerse una  pizza entera. Recordemos que los excesos que cometemos luego se revierten contra nuestra salud. Hay muchas que padecen de diabetes, hipertensión, colesterol alto, etc., porque no supieron decir ¡no! al exceso de ciertas comidas.

Amadas, Dios ha hecho todas las cosas para nuestro deleite, pero quiere que evitemos la gula y la glotonería. Las mismas son  manifestaciones espirituales de la falta de control y dominio propio. Podemos disfrutar de la comida sabrosa que tanto nos gusta, pero Dios desea que lo hagamos con moderación y control, no permitiendo que ella nos controle a nosotras.

Oración: Señor ayúdame a hacer todo con moderación. Que pueda recordar que mi cuerpo es templo de Tú Espíritu el cual debo cuidar. Por Jesús, amén.

Alabanza: Tu Presencia Es Nuestro Hogar, MBrunet  – https://www.youtube.com/watch?v=3MmIUUZi-iU

Carmen García de Corniel para Maestras del Bien © 2016 – Derechos reservados www.maestrasdelbien.org