“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lucas 2:52)

La Escritura confirma que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, había de venir el Cristo (Jn 7:43), y así sucedió. Jesús nació en Belén. Pero Lucas nos revela además que el niño de Belén “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (2:52). Que luego de su bautismo por Juan el Bautista (Mt 3) y la tentación en el Desierto (Mt 4), principió su ministerio y murió a los 33 años en una cruz por los pecadores.

La vida de Jesús no terminó en su niñez, ni la Escritura ofrece mas dato de esa etapa de su vida que el que nos ofrece Lucas (2:40, 52). La doble confirmación nos asegura que el niño creció y se desarrolló sanamente. Es todo cuanto de la niñez de Su Hijo a Dios le plujo revelar, con el sabio fín de enfocar nuestra atención en su adultez, porque era allí donde realizaría el propósito descrito en su nombre y de su nacimiento en Belén… ¡Salvar a los pecadores!

Celebramos al niño pero adoramos al hombre que murió y resucitó para darnos vida en abundancia. Jesús no quedó niño, se hizo hombre (Fil 2:7-8) y completó la obra que vino a hacer (Jn 17:4). No nos quedamos postradas ante el pesebre. Quedarnos allí es contemplar una obra incompleta, ineficaz y que niega el propósito de su encarnación. Pero tampoco nos quedamos a los pies de la cruz (1 Co 15:19-20). De no haber resucitado vana sería nuestra fe. Nos paramos mas bien mirando al cielo, adorando al que está sentado en Su trono, y mirando hacia el lugar de donde fue tomado y desde el cual tambien volverá por nosotras (Hch 1:11).

Es tan fácil dejarnos llevar de tradiciones bonitas pero erradas, que niegan el propósito de la encarnación de Jesús. Para adorarlo en espíritu y en verdad debemos ajustarnos a la narrativa bíblica y acercarnos a él como el “Dios-hombre” que nació, creció y estando en condición de hombre venció la muerte, el pecado y al enemigo de nuestras almas. ¡Ese es el Cristo bíblico!

Amada que siguiendo las pisadas de nuestro maestro, así como Cristo creció en estatura pero también en sabiduría y gracia para con Dios y los hombres, que ese mismo sea el norte de nuestra vida espiritual en este año.

Oración: Perdónanos Padre por llevarnos de tradiciones y tergiversar la historia de la redención. Gracias porque Jesús creció y nos dió eterna salvación. En este año me propongo crecer y madurar en mi vida de fe para completar la obra que Tu me has mandado a hacer. Cristo, celebro Tu nacimiento, admiro Tu vida, me regocijo en Tu muerte, y alabo, adoro y espero Tu pronta venida. ¡Amén!

Alabanza: El Niño de Belén, MVidal – https://www.youtube.com/watch?v=pOkMHBFNROE

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