En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.(Juan 13:35)

El mundo anhela algo diferente, algo real y significativo, y nosotras somos el instrumento ordenado por Dios para llevarlos a encontrarlo mediante un encuentro personal y experiencia real con Cristo. No obstante, su ceguera espiritual les impide ver y conocer a Cristo por lo cual Dios nos puso a ti y a mí como reflejos de Su imágen.

Juan dijo que existía un medio por el cual el mundo podría conocer e identificar a Cristo… mediante los suyos (Jn 13:35). Hechos 2:46-47 nos muestra cómo por el servicio y convivencia amorosa de los hermanos entre sí y su favor con el pueblo, las personas respondían al evangelio de salvación.  Muchos recibían la palabra, se bautizaban y perseveraban en la vida cristiana (Hch 2:41); evidencia de una real conversión a Cristo.

Gálatas 6:10 nos manda a “que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. El amor cristiano es una prueba ineludible e irrefutable de la morada de Cristo en nuestro corazón. Y es el instrumento predilecto que Dios escogió para que en conjunción con el evangelio pudiéramos ganar a otros para Su reino.

No es la elocuencia de palabras, los milagros, el mercadeo o el profesionalismo lo que atraerá a otros hacia Cristo, sino el amor que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, y mediante el cual Jesús puso Su vida por nosotras. ¡Eso es real y significativo! y tú y yo lo tenemos.

Amadas, no hay mayor amor a Dios que el que expresemos y pongamos nuestra vida por los perdidos (Jn 15:13). Cuando esto hacemos, somos el puro reflejo de Su imagen.

Oración: Gracias Padre por permitirnos reflejar Tu imágen mediante nuestra acciones de amor; la mayor y encantadora fuerza del mundo. Me propongo empezar mediante pequeños actos de bondad que me ayudarán a hacerlos mayor. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Amarte Solo A Tí, Julissa – https://www.youtube.com/watch?v=JWg4bgWbdbY

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