“¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:5)

Es interesante la pregunta que nos hace Juan. ¿Quién de nosotras es la que vence al mundo? ¿Quién es la que vence al pecado? ¿La que vence sus concupiscencias?

Aunque muchas le han entregado su corazón a Cristo, ha sido mas como medida de precaución que de convicción de salvación, pues sus vidas denotan una deficiencia en el nivel de su creencia en Jesús. Con sus labios profesan que Jesús es poderoso para salvar y dar vida eterna, pero con su vida niegan la eficacia de Su poder para transformarlas.

Sucedió que un día unos hombres trajeron un paralítico tendido sobre una cama a Jesús, y éste al ver la fe de ellos le dijo al paralítico: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”.  Pero algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos les dijo: “Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda?” (Mt 9:2-5). ¿Qué es más difícil: salvarte eternamente o transformarte y darte poder sobre el pecado?

Amada, Dios no puede ser poderoso para salvar y débil para equipar. Aquél que ha hecho lo más; esto es, salvarnos, ciertamente puede hacer lo menos; esto es, capacitarnos mediante Su Espíritu para vencer al mundo, los deseos de la carne y el pecado que enfrentamos a diario.  El mismo Jesús que venció la tentación, el pecado, y la muerte, es Aquél que nos ha dado dominio propio y hecho más que vencedoras (Rom 8:37).

Al considerar la pregunta de Juan: ¿Quién es la que vence al mundo? descubrimos la respuesta: la que cree que Jesús es el Hijo de Dios”. La que cree que Jesús tiene el poder y la autoridad,  la que cree que Jesús es fiel, la que cree que Jesús no falla, la que cree que Jesús es Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente, la que pone su confianza plenamente en Cristo… ¡esa es la que vence al mundo!

Lo único que falta es que si creíste en Jesucristo para salvación, creas en él para vencer el pecado. ¡Sí! tú puedes vencer la mentira, tú puedes vencer la tentación, tú puedes vencer los vicios y todo aquello que te oprime y esclaviza. Tú puedes vencer al mundo, pues Dios te ha dado el poder de Su Espíritu y donde está el Espíritu de Dios allí hay victoria y libertad (2 Cor 3:17).

Oración: Gracias Padre porque la clave del poder transformador de mi vida, está en el grado de mi confianza en Tu Hijo, Jesús. Ayuda mi incredulidad y aumenta mi fe en él.  Por Jesús, amén.

Alabanza: Mi Confianza Eres tú, Peregrinos y Extranjeros – https://www.youtube.com/watch?v=IdAVbVAgDgE

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