Siendo la Biblia es un libro generacional, en ella encontramos numerosas listas de genealogías presentándonos el linaje familiar de nuestros ancestros. De ahí es que sale el árbol geneológico o “family tree”.

En ella vemos la historia de las diferentes familias, pero también, la historia que se desarrolla a través del tiempo con la participación activa de las personas que tienen incidencia en la historia de la redención. La intención de Dios con estas listas es que se vea la continuidad en la historia de su pueblo y en el desarrollo de Su plan redentor. Para lograrlo, Dios les dijo a los responsables de que esto sucediera; esto es, a los padres:

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Dt 6:6-7).

Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos” (Dt 4:9).

La idea de Dios es que los padres críen a sus hijos y los eduquen bajo el conocimiento de que ellos también son y tienen una parte importante que jugar dentro de Su plan y Sus propósitos. Es evidente el interés de Dios por la juventud; tanto varones como hembras pues en sus escritos hay mandamientos, amonestaciones y consejos especialmente para ellos. En Eclesiastés 12:1 les dice: “Acuérdate de tu Creador”. ¿Cuándo? “En los días de tu juventud”.

La juventud es una etapa preciosa que vivida bajo el consejo de Dios puede ser muy provechosa como lo fue la de José, Josué, David, María, y otros. El mandato mismo de Eclesiastés nos llega a través de quien fuera un joven muy valioso para Dios; SALOMON. Es Salomón quien escribe el libro de Proverbios  y Eclesiastés, los cuales nos muestran un contraste fuerte entre vivir bajo la voluntad de Dios y seguir los pensamientos de nuestro corazón. Al concluir en Eclesiastés “vanidad de vanidades, todo es vanidad”, Salomón lo hace desde la perspectiva de quien después de experimentar básicamente todo, se da cuenta que la vida sin Dios carece de valor, alegría y sentido. Y es con todo el peso de su vivencia personal que él te dice: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Ec 12:1).

Jóven, no desperdicies tu vida. “Ante todo adquiere sabiduría” (Pr 4:7ª) y “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Pr 4:23). Esto hará la diferencia entre una vida de bendición y una de infortunio, porque el secreto de la sabiduría está en el temor de Jehová;
la cual desprecian los insensatos (Pr 1:7). Tú sé sabia y en los días de tu juventud acuérdate del que te dio la vida. Sigue su dirección para que tú nombre sea recordado y galardonado dentro de la genealogía de las personas que amaron a Dios de todo corazón.

  • ¿Qué te impide entregarle tu corazón a Dios y vivir para Cristo?
  • ¿Qué placeres distraen y desenfocan tu mirada de Jesús?
  • ¿Crees tú que las riquezas de esta vida o las promesas que te hace un hombre son más valiosas y fieles que las de Dios?

Coméntanos y dialoguemos…