“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.  (Mateo 6:21)

Tengo algunos tesoros. Cosas invaluables para mí que guardo con mucho esmero y amor en mi corazón. Uno de ellos son mis sobrinos y sobrinas; objeto de mi contínua oración delante de Dios. Otro son mis libros; con quienes me deleito y paso algunas de las horas más felices de mi día. Y el otro es mi mas reciente adquisición; mi perrita Fluffy. No sé cuáles son los tuyos pero lo que sí sé es que todas tenemos uno o más tesoros. La Biblia nos alerta sobre:

  1. El lugar donde está nuestro tesoro
  2. La condición de nuestro corazón

Existe una relación muy estrecha entre nuestros tesoros y nuestro corazón. Mateo 6:19-21 nos recuerda que hay 2 tipos de tesoros; unos vanos; de carácter temporal, y otros trascendentes; de carácter eterno. Los de carácter temporal no son dignos de depositar todo nuestro afecto, esperanza y gozo en ellos, sino que más bien debemos guardar e invertir en aquellos que tienen trascendencia eterna.

Mientras tener tesoros; llámese bienes y posesiones, dinero, hijos, padres, cónyuge, amistades, trabajo, etc.  puede ser algo aparentemente muy bueno, inofensivo, importante y atractivo, también puede ser muy peligroso si nuestro corazón está empeñado en ellos. Y es que nuestros tesoros determinan el centro y ocupación de nuestro corazón. Esto es, lo que tengamos por tesoro será el dueño de nuestro interés, lealtad, tiempo, energía, abnegación y afecto total. El tendrá la prioridad y preeminencia en nuestra vida y el desempeño de nuestros días, dejando muy poco lugar, si acaso alguno, para Dios.

Quienes atesoran dinero, por ejemplo, tendrán muy poca lealtad a Dios. Por eso dice Lucas 18:25 “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios”. Si nuestro tesoro son los hijos, Dios pasará a un segundo plano y no criaremos los hijos en el temor y amonestación del Señor. Si nuestros tesoros son los deleites y placeres, estaremos entregadas a vivir perdidamente sin tomar en cuenta la santidad de Dios. O si tu tesoro es tu esposo, vivirás obsesionada con la belleza y el afán de atraerlo, retenerlo y mantenerlo, aun a costilla de tu propio valor personal, desplazando por entero a Dios. ¿Ves? Existen tesoros muy peligrosos.

Amada, es importante reconocer dónde está tu tesoro, para que rescates tu corazón y lo pongas en el lugar y la persona correcta.  ¿Está en los mortales o en Dios, o acaso en las cosas de este mundo o en las eternas?

Oración: Perdóname Padre por atesorar tesoros peligrosos. Hoy te los entrego y te devuelvo el trono de mi corazón. Quiero que siempre seas mi primer amor. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Mi Primer Amor, MWitt/JMurrell – https://www.youtube.com/watch?v=fOnaq5CPKvc

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