y después de esto mire, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribu y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: la salvación pertenece a nuestro Dios que está en el trono, y al Cordero”. (Apocalipsis 7:9-10)

Mientras entraba a la iglesia me sentía extraña porque era un país diferente, cultura diferente, personas totalmente diferentes, hasta el idioma en que hablaban algunos era diferente al mío. Luego seguí observando que entre ellos mismos eran diferentes; algunos de Ecuador, otros Mexicanos, otros Salvadoreños, Hondureños, Americanos, en fin… de todas partes de Latinoamérica había una representación.  Algunos se saludaban en el amor de Cristo, otros se contaban las cosas que sucedieron durante la semana, los niños correteaban, algunos permanecían callados en una esquina, y todos hacían una actividad diferente hasta que dieron inicio al servicio de adoración.

Y se escucha una voz, una voz melodiosa, con un acento diferente al mío. Una voz que entonaba alabanza a Dios. ALABA A DIOS, esa es la canción que entonaba. Luego de unos minutos todas las voces en unísono entonaban la alabanza, los chicos y los grandes, los morenos y los blancos, las mujeres y los hombres. Ya no es sólo una voz sino que nos volvimos todos un coro de voces cantando a todo pulmón, alabando desde lo profundo de nuestro corazón al único y verdadero Dios. Ya no importaba si me conocían o no, ni las diferencias que observé. De repente lo único que importaba para todos era adorar al Rey de reyes y Señor de señores.

Apocalipsis 7:9-10  muestra cómo será la adoración en el cielo. ¿TE IMAGINAS? El momento en el que  estarán los asiáticos, los africanos, los latinos, los rusos, los alemanes, europeos,.. Absolutamente todos los que lavaron sus ropas con la sangre del Cordero estarán allí junto a tí y junto a mí, entonando alabanzas al Señor.

Anhelemos amadas ese momento cuando todos estemos en perfecta sintonía frente a la presencia de nuestro Señor, día y noche. Donde no importará ni comida, ni trabajo, ni nada, solo Dios. A él sea la gloria por los siglos de los siglos, amén.

Oración: Amado Dios, gracias por el maravilloso sacrificio de la cruz. Gracias por tu incomparable amor para con nosotras. Gracias porque por tu amor tenemos la oportunidad de poder estar más cerca de tí en perfecta unión y sintonía.

Alabanza: No Hay Lugar Mas Alto, MSMarcos/CD’Clario – https://www.youtube.com/watch?v=9HZzqLciB3c

Roselyn Lima para Maestras del Bien – ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org