“Cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre” (Deuteronomio 6:12).

Todos nosotros nos olvidamos de algo, en determinadas ocasiones. Tal vez cuando estamos saturados de preocupaciones, o llenos de actividades, somos más propensos al olvido. Hay cosas de menor importancia que, aunque no es bueno olvidarse de ellas, no ocasionan grandes problemas. Pero, no ocurre así con otras. Un olvido de algo importante siempre trae alguna dificultad.

Esto que afecta al plano natural, ocurre también en el espiritual. El de mayor trascendencia es olvidarse de Dios. Por eso Él mismo nos exhorta a evitarlo. No es un ruego simple, sino una advertencia solemne: “Cuídate de no olvidarte”. Además, se demanda esto bajo el nombre de Jehová. Este es el título del Dios de la gracia, de la misericordia, de la compasión, de la fidelidad y del pacto. No olvidarnos de Él, es evitar el olvido de Sus bondades. Dios vino a nuestro encuentro haciéndose hombre, semejante a nosotros, para acercase en medio de nuestras miserias espirituales y, mediante la entrega de Su vida humana, resucitarnos a nosotros de nuestra muerte espiritual, hacernos Sus hijos y situarnos posicionalmente con Él en los lugares celestiales (Ef 2:6). Tres cosas deben mantenerse en permanente recuerdo.

Primeramente, el recuerdo de la redención. El versículo la menciona: “te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”. No fue algo sencillo y fácil para Dios liberarnos de nuestra esclavitud espiritual. La situación en que nos encontrábamos requería el pago de un precio para poder otorgar el perdón. La paga del pecado es la muerte. Esa responsabilidad penal es extinguida por Dios, satisfaciendo nuestra deuda. La Cruz debe estar en el recuerdo permanente de cada creyente. Es necesario tener presente siempre que “el Señor me amó y se entregó a sí mismo por mí”. La vida cambia para quien la obra redentora es una realidad. No habrá prueba que no se mitigue a la sombra de Aquel que, voluntariamente sufrió nuestras enfermedades, llevó nuestros dolores, y cargó sobre Él, el castigo de nuestra paz.

Un segundo aspecto a mantener vivo en la memoria es el cuidado cotidiano que Él tiene de nosotros. Así nos manda: “Te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto” (8:2). Cada jornada en nuestra vida, hemos visto la mano de Dios, sosteniéndonos, alentándonos, cubriéndonos bajo la sombra de Sus alas. No ha habido ni un momento, difícil o fácil que no estuviese a nuestro lado. El recuerdo de Sus bondades producirá en nosotros un corazón confiado. Como lo hizo hasta ahora lo hará en el futuro.

Una tercera demanda es que nos acordemos de nuestra gloriosa relación con Él como resultado de Su gracia hacia nosotros. No fue “nuestra justicia” que nos ha dado la herencia de los santos en luz; ni por la rectitud de nuestro corazón, sino por Si fidelidad y misericordia (9:4-5).

Oración: Padre, sí, es mi necesidad. Oigo ahora la voz de Tu palabra que me dice: “Cuídate de no olvidarte”. ¿Llenó Él mi pensamiento hoy? Acaso mis problemas y dificultades saturan mi mente, pero, la mayor dicha es: Acordarme de Él. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Océanos, Hillsonghttps://www.youtube.com/watch?v=4IBiWY-vatk

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