Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. (1 Corintios 4:1)

Los servidores son personas que escuchan, dirigen y ayudan al público en cualquier área del quehacer. Servir en cualquier capacidad es un gran privilegio y una dulce responsabilidad, pero tambien es un gran riesgo. El servidor es aquél que recibe el impacto de las malas actitudes, las palabras desagradables, los manerismos inapropiados, las quejas interminables y la acusación de quienes en su desesperación, dolor, inconformidad o sufrimiento lanzan, sobre quienes solo pretenden ayudarles. Se requiere de un temperamento controlado por el Espíritu Santo para poder sobrellevar con gracia y dominio propio la agresión e incomprensión que injustamente recibe un servidor.

El cristiano es un servidor público, un embajador de Cristo, el administrador de sus misterios, y el nexo entre Dios y los hombres. Como tal, su posición aunque clave, es difícil y muy delicada, pues debe atender con amor, justicia y equanimidad al público incomprensible, como un siervo digno de Jesucristo.

Cristo tiene un alto concepto y estima del servidor puesto que él mismo se hizo siervo de todos y de Dios. Mientras el servidor no es culpable de las acusaciones que a menudo el público lanza sobre él, es responsable de buscarles una solución. Así tambien, el inocente Hijo de Dios, aunque no era culpable de pecado, no solo recibió la descarga del pueblo sino que fue responsable de buscarle una solución.

Lo hermoso en el caso de Cristo es que no devolvió ofensa por ofensa, ni maldad por maldad. Más bien fue comprensivo y misericordioso al sobrellevar el pecado de cada uno en particular, dando fiel testimonio del Padre que lo envió, no como verdugo, sino como rescate del pecador.

Amada, mientras muchas sirven por necesidad y no precisamente por amor y empatía, es importante recordar que por cuanto le brindamos el más mínimo de los servicios a los hombres, a Cristo el Señor lo hicimos. Que la comprensión de esta realidad nos motive a servir con temor reverente y una mejor actitud.

Oración: Padre, permíteme servir a otros como yo deseara ser servida, aunque me paguen con mal como a Jesús. Dame fuerza, templanza y gracia para mostrarles la misericordia que Tú me tienes cada día a mí. Gracias porque son nuevas cada mañana. Por Cristo Jesús, amén.

Alabanza: El Te Sostiene, TWICE – https://www.youtube.com/watch?v=LTUMM5q1Ovc

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