“Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9)

Diariamente escuchamos a las personas hablar de Dios, referirse a él y aun tratarle con una extrema familiaridad. Es común escuchar decir: “Si Dios quiere, que Dios te lo pague, o que Dios te bendiga”. Sin embargo, mientras esto pudiera ser bueno, algunas personas tratan a Dios con tal irreverencia que pareciera que él fuera su súbdito o alguien mas del montón.

La manera tan vana con que algunas personas usan el nombre de Dios en chistes, negocios y conversaciones en general, lo que denota es que en realidad no le conocen ni tienen una relación personal con él. Aunque Dios es totalmente personal y familiar en Su trato con sus hijos, nosotras en cambio le debemos un mayor respeto que el que le tenemos a nuestros padres terrenales.

En la oración modelo conocida como el “Padre Nuestro”, Jesús mismo en calidad de hijo de Dios y hermano nuestro nos enseñó algunos principios a la hora de referirnos a Dios:

  1. Acercarnos y dirigirnos a su Padre con la confianza y familiaridad que debe existir entre una hija y su padre; “Padre nuestro…”.
  2. Acercarnos y dirigirnos a Dios con el debido respeto con que una hija debe hacerlo con su Padre.
  3. Acercarnos a nuestro Padre sin olvidar que él es Dios. Esto es, reverenciar su nombre; “santificado sea Tu nombre”.

Amada, el Señor pase carbones encendidos por nuestros labios a la hora de tomar Su nombre en nuestra boca. El es digno de ser reverenciado.

Oración: Mi Padre y mi Dios, santifico Tu nombre al tomarlo en mis labios, usándolo solo para bendecirlo y engrandecerte. Perdóname por las veces que lo usé en vano así fuera para impresionar, asustar, o para chistear. Enaltecido sea Tu bendito y majestuoso nombre por siempre en mi vida. Amén!

Alabanza: Tu Nombre, CZamorano/Miel SMarcos – https://www.youtube.com/watch?v=QvQd_7x8KxI

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