“Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido“. (Rut 1:5)

El libro de Rut empieza con tragedia; tres mujeres viudas, desconsoladas y sin medios de subsistencia. ¡Que cuadro! Como mujeres latinoamericanas podemos entender perfectamente la gravedad de su situación, puesto que como muchas de nuestras mujeres, ellas también dependían de sus esposos. Ellos eran su seguridad, sustento, vida y estatus. Ahora estaban inseguras, viudas, sin recursos ni identidad.

¿Quién soy ahora?, ¿cómo le hago frente a la vida?, ¿por dónde empezar?, ¿de que voy a vivir?, ¿quién sacará la cara por mí?, ¿podré yo sola?, ¿cómo me voy hacer? Son algunas de las muchas preguntas que seguramente mortificaron su mente.

No se dan muchos detalles de la vida ni la causa de la muerte de los esposos de Rut, Orfa y Noemí, sino que interesantemente el relato bíblico se enfoca en la vida de ellas, en especial de Rut. Con lo grave que es la muerte de un ser querido, y mas del esposo, pareciera que el desconocido autor de este libro quería que entendiéramos que tenemos esperanza y vida más allá de la partida de nuestros seres amados. Que “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada” (Salmos 68:5). De él viene nuestra ayuda.

Rut tuvo que armarse de valor y sacar fuerzas de abajo para hacer frente a su nueva y desconocida vida. Difícil pero posible, hizo dos cosas importantes… hizo del Dios de Noemí ‘su Dios’, y se integró inmediantamente al trabajo. ¿Sabes que? no dudes de Dios. Si quieres levantarte de tu aflicción, refugiate en él y da gracias por las obligaciones que mantienen tu mente ocupada y distraída, evitando que te aísles y sumergas en la pena y depresión. Rut creyó en fe y Dios iluminó su mente, esforzó sus brazos y le dio gracia. Se integró a la fuerza laboral; hizo lo que le vino a las manos, y Dios la ayudó a redefinir su vida primeramente en base a su relación con él.

Oración: Padre gracias porque en las horas más oscuras de nuestra vida, Tú eres la luz al final del túnel. Gracias, porque Tú nunca nos abandonas. Fortalece a nuestras hermanas que por alguna causa han quedado solas y ayúdalas a reorientar su vida y encontrar el sentido de ellas en Tí. Sobretodo aumenta su fe y provéele las herramientas para poder salir adelante. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Tu Eres Mi Esperanza, GEspinoza – https://www.youtube.com/watch?v=G2bKul64yE0

Violeta Guerra para Maestras del Bien -©2017 Originalmente publicado 8/3/13 www.maestrasdelbien.org