“Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar;  Sobre tí fijaré mis ojos”.  (Salmo 32:8)

“Sigue todo el camino a donde te conduzca la 836 Oeste, no pierdas de vista ese rótulo”.  Fueron las instrucciones que me dieron para regresar tomando una autopista de la ciudad donde me había recién mudado.  Siendo que todavía no conocía bien el área, el manejar en cualquier sentido que no fuera ese, significaba para mí un riesgo demasiado alto.

Seguí toda la 836 Oeste, peeero… A mitad del camino, me confundí y erré en una de las salidas. Atravesé una calle y fui a parar a una avenida larga, peligrosa y bien oscura. Aún extraviada, no temí ir en el camino incorrecto, puesto que el sentido hacia donde iba, no lo era.

Sí. Yo iba en dirección Oeste, aunque en la calle equivocada. Me tomaría el doble del tiempo llegar a mi destino final, pero sabía, estaba muy segura de hacia a donde iba.  Esa idea era de por sí tranquilizadora.

A medida que avanzaba iba leyendo cada señal y rótulo de las intersecciones, hasta que por fin!!! pude encontrar una calle conocida, y llegar a mi casa.  ¿¿Lección aprendida??: No desesperarse, sólo leer siguiendo sin torcer en el mismo sentido.  ¡¡Ah!!, entonces descubrí que no es lo mismo extraviarse yendo hacia el sentido correcto que perderse yendo en el sentido equivocado.

Al conducir el vehículo de nuestras vidas, es importante estar muy seguras de que vamos hacia la dirección que Dios nos trazó.  Torpes como ovejas, somos susceptibles de salirnos una y otra vez del camino correcto, tomar atajos peligrosos, o largos senderos oscuros. Pero El Señor, como todo Buen Pastor, nos irá guiando con su cayado y nos hará regresar siempre hacia El. ¿Por qué?  Porque si realmente le pertenecemos, El hará todo lo que esté a su alcance para hacernos regresar por el camino correcto, en el sentido correcto.

El Señor nos ha dejado su Manual de Instrucciones (La Biblia), para guiarnos una y otra vez hacia El.  Sus señales de tránsito están bien claras. Nuestro deber es leerlas y obedecerlas, con detenimiento y seguridad.

Apreciada hermana y amiga, es nuestro deseo que tu orientación sea siempre aquella que te conduce a Cristo, ya sea al Norte, Sur, Este, Oeste, pero sólo hacia El.

Como bien dijo en uno de sus poemas Teresa de Ávila, ¡Él no se muda!  

Oración: Señor, gracias por Tu Palabra; la brújula que nos guía cada día y conduce a lugares de delicados pastos. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Eres Mi Buen Pastor, GEspinoza – https://www.youtube.com/watch?v=-yIWc3M_uUg

Larissa Sosa-VanHorn para Maestras del Bien ©2017 Originalmente publicado 11-12-12 www.maestrasdelbien.org