Dime, ¿qué tienes en casa? Su servidora no tiene nada en casa le respondió, excepto un poco de aceite“. (2 Reyes 4:2b)

Esta es la segunda pregunta que hace Eliseo el Profeta a la mujer viuda que ha recurrido a su ayuda. Recordemos que la señora está desesperada pues sus acreedores le han amenazado con quitarles a sus hijos si ella no paga la deuda. Lo que menos esperaba la señora es que la respuesta a su problema se encontraba en su propia casa. Al alcance de su mano.

Otra vez en la antigüedad, Dios hace una pregunta parecida a Moisés luego de llamarlo a ser el líder que liberaría a su pueblo de la esclavitud de Egipto: “¿Qué tienes en la mano? preguntó el Señor. Una vara, respondió Moisés” (Éxodo 4:1). Moisés puso un sinnúmero de excusas para convencer a Dios de que él no era la persona adecuada para liberar al pueblo, hasta que finalmente se da cuenta que con aquella vara que siempre llevaba en su mano, Dios haría grandes cosas.

Puede que nos suene familiar también este suceso: “¿Cuántos panes tienen ustedes? preguntó. Vayan a ver. Después de averiguarlo, le dijeron: Cinco, y dos pescados” (Marcos 6:38). Protagonistas de este episodio: Jesús, sus discípulos y 5,000 personas que fueron alimentadas. La historia se repite. Queremos ver milagros en nuestra vida, en nuestros hogares, en nuestras congregaciones, ¡aún en nuestros centros de trabajo! pero pensamos que tenemos muy poco que dar. Entendemos que las grandes cosas sucederán debido a lo poco o mucho que tengamos, olvidando que es Dios quien obra. No se trata de nuestros recursos: se trata de A QUIEN entregamos esos recursos.

Pongámoslo así: Nosotras entregamos, Dios obra! La pregunta ahora va para tí, amada hermana que nos lees: ¿Qué tienes en tu casa? ¿Qué pequeños dones para poner en las manos de Dios? ¿Qué pocos recursos económicos tienes para poner en las manos de Dios? Miremos a nuestro alrededor. La respuesta nunca será fácil de encontrar, pero una cosa es segura: Todas tenemos algo que entregar. Muchas dirán: ¡Lo único que tengo son problemas! ¡Lo único que tengo es un hijo/esposo enfermo! ¡Lo único que tengo es cuentas que pagar!! etc, etc. Entonces aún así aplica el mismo principio: Hagamos nuestro trabajo, que ¡Dios se encargará de hacer el suyo!

Oración: Gracias Dios por recordarnos continuamente que Tú eres el Hacedor de milagros. Perdónanos cuando en nuestra propia carnalidad pensamos que somos nosotras las que obramos, y no Tú. Ayúdanos a recordar que nuestra vida está escondida en Tí, y que vivimos sujetos a Tu voluntad. En el nombre poderoso de Jesús.

Alabanza: Fuente de Vida, Esperanza de Vida –http://www.youtube.com/watch?v=GYbxPjQAG1E

Larissa VanHorn para Maestras del Bien ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org -Originalmente publicado 7-28-13