“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso” (Salmo 40:1-2)

Venía de la Escuela Bíblica de Verano y oí en la radio la noticia de un muchacho que desatendiendo las indicaciones que prohibían acceder a un lugar donde había antiguas minas abandonadas, se introdujo en el recinto y pisó sobre el respiradero de un pozo que estaba cubierto de vegetación, cayendo por él. En la caída rompió una pierna y quedó en una de las galerías sin poder hacer nada para salir. Dos días después, quienes lo buscaban, lo localizaron en el fondo del pozo. Cuando por fin lo subieron a la superficie, alguien le preguntó cómo se había sentido, a lo que respondió: Con dolores y miedo, pero con esperanza, porque podía ver por el respiradero una pequeña porción del cielo durante el día y algunas estrellas por la noche, de modo que sabía que no estaba enterrado en vida y que alguien me sacaría de allí en algún momento.

¿Cuántas veces sentiste que estás en un pozo del que no tienes salida? A tu alrededor parece que no puedes escalar, en torno a ti la oscuridad del momento. Posiblemente has procurado pedir ayuda y no has conseguido que te escuchen. Es más, es probable que incluso pienses que Dios te ha abandonado en medio de tu necesidad. A medida que pasan los días vas forjando en tu mente un pensamiento de derrota que te deja con un corazón sin esperanza.

El texto presenta la situación que se produce en el pozo de la desesperación. En primer lugar, nos sentimos atrapados, apresados en donde no podemos salir. Además, cuando queremos hacer un esfuerzo personal para remediar nuestra miseria sentimos que los pies no responden porque están hundidos en cieno profundo donde no encuentran apoyo. De la misma manera también la visión es limitada, el pozo no permite ver más allá que nuestro mismo encierro. Allí estamos, derrotados y sin esperanza alguna. Muchas son las causas que forman el pozo de la desesperación en la vida, la enfermedad, las circunstancias, la partida de un ser querido, el fracaso de una empresa, sea cual sea, nos sitúa en condiciones extremas. Pero, en ese momento en que todo fracasa, la única esperanza está en mirar arriba. Sobre el pozo se abre un trozo del cielo donde brillan las estrellas de la esperanza. En el brocal está el único que puede actuar en esa situación y sacarnos de la profundidad en que nos encontramos. Es el Dios soberano, que lleno de misericordia viene a nuestro encuentro, se inclina a nosotros, y oye nuestro clamor para sacarnos a victoria. Él tiene un plan perfecto para nuestra vida. Si ha permitido que estemos en el pozo es porque tiene un propósito para que finalmente nuestra existencia sea un remanso de bendición. Dios está cerca de nosotros, nunca nos ha dejado. No ha cerrado Sus oídos al clamor del alma, simplemente está esperando el momento oportuno para hacerte salir de tu estado. Ahora mismo debes decidir si descansas en Dios o sigues con tu angustia personal.

Oración: Señor, me aferro a Tus brazos de amor extendidos hacia mí y confío que Tú vas a rescatarme del pozo de la desesperación en el que me encuentro. Amén.

Alabanza: Tú, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=JEPSrF9Awtg

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados ©2017  www.Maestrasdelbien.org