“Porque así dijo Jehová el Señor, el Santo de Israel: en descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15)

En uno de los muchos sucesos ocurridos en la segunda guerra mundial, está el de la entrada en un pueblo de fuerzas enemigas. Muchos de los moradores de aquel lugar salieron huyendo de sus casas para dirigirse al bosque cercano y refugiarse allí, pero no alcanzaron lo que buscaban. Los movimientos de ellos les delataron y fueron hechos prisioneros. Cuando las fuerzas que habían ocupado el lugar fueron expulsadas los que liberaron el pueblo no encontraron a nadie. Pero, poco después, en el desván de una casa apareció un muchacho. Le preguntaron cómo no lo habían descubierto, a pesar de que buscaron casa por casa. Él les dijo: muy sencillo, cuando llegaron a donde yo estaba que quedé quieto, en silencio, sin hacer nada.

He aquí el versículo de hoy. Palabras verdaderamente hermosas, dirigidas por Dios a Su pueblo en serias dificultades. No importa lo que haya que sufrir o soportar. Si aprendemos a esperar en Dios, volviendo a Él para presentarle nuestros problemas y descansar en la seguridad de Su protección, entonces hallamos no solamente la paz, sino la liberación de cualquier cosa que nos haya turbado o amedrentado.

Al mirar a Dios con una fe sencilla; al dejar de hacer nosotros en nuestras propias fuerzas; al dejar de buscar apoyo en lo que nos rodea; al solicitar confiadamente la ayuda del Señor, encontramos la fuerza necesaria que nos eleva por encima de la prueba y nos hace superar los obstáculos más elevados. Es el remedio a nuestra inquietud. Esta es la firme promesa de Dios: “En descanso y en reposo seréis salvos, en quietud y en confianza será vuestra fortaleza”.

La confianza se manifiesta en la oración. No siempre encontramos tiempo para hacerlo cuando estamos envueltos en la corriente de la vida o cuando el Señor dispone el tiempo de una manera distinta a lo que pensamos. Puede ser que las contrariedades nos perturben, haciéndonos imaginar que somos una ciudad sin murallas o un lugar sin recursos para ampararnos. Cuando no oramos, o cuando lo hacemos mal, no podemos sino esperar los asaltos del enemigo. Pero para esas ocasiones, se nos invita a mantenernos en descanso y en reposo. Si cumplimos esta demanda estaremos obrando conforme a la demanda divina y el Señor estará a nuestro lado produciendo calma en nuestro corazón inquieto y abriendo la puerta del lugar de refugio. No es la cantidad de tiempo dedicado a orar lo que realmente da eficacia a la oración.

Tampoco la atención a los quehaceres cotidianos es lo que nos aleja del Señor. Lo verdaderamente esencial es que sintamos Su presencia en nuestras almas. Si nuestro corazón se da al Señor en medio del tumulto de la vida, de las complicaciones del mundo, de nuestras frustraciones y miedos o de nuestras desilusiones y angustias, entonces encontraremos que somos fortalecidos, con las fuerzas de Dios que se nos comunican en la quietud y en el reposo. Un lugar tranquilo donde podamos orar, recogidos con el Señor, es un bien que no apreciamos sino cuando nos falta la paz. Cuando Él nos hace salir de nuestra vida habitual, cuando permite las dificultades, lo hace para que nos arrojemos en Su mano con toda confianza y experimentemos la verdadera calma que sólo Él puede dar.

Oración: Padre, Tal vez necesito hoy despojarme de mis fuerzas, alejarme de mis recursos, para ponerme a los pies del Señor Jesús y en quietud sentir Su mano de gracia que alienta mi corazón cansado. Entonces sabré que en descanso y en reposo seré salvo. Amén.

Alabanza: Eres Mi Esperanza, GEspinoza – https://www.youtube.com/watch?v=G2bKul64yE0

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