“Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20).

La Biblia es un libro de nombres. De hecho, la primera tarea que Dios le asignó a Adán fue nombrar todos los animales que él había creado (Gn. 2:19a). Al concluir su tarea, dijo Dios: “y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre” (Gn 2:19b). Significa esto, que el trabajo que hizo Adán recibió un ¡AMEN! Estuvo tan bien hecho que Dios no tuvo nada que arreglar, ni objetar. Más bien, Dios consideró que el nombre que Adán había escogido para cada animal, además de significativo fue completamente acertado. Esto es importante por tres motivos:

Primero, porque implica que Adán hizo un análisis consciente e inteligente del diseño, las funciones, las particularidades y el propósito de cada animal, para en base a eso designarle un nombre apropiado.

Segundo, porque nos ratifica que en la Biblia ningún nombre; ya sea de personas, lugares, cosas o eventos, es puesto al azar, arbitraria ni antojadizamente.

Tercero, evidencia que cada nombre tiene un significado específico y muy especial, el cual guarda una relación íntima con la esencia y naturaleza de aquello que representa y por lo cual recibe el nombre.

Esto es cierto de los nombres de Dios, de los siervos que él llamó, de los lugares que Dios mandó nombrar, y de las fiestas que él instituyó. Los nombres de Dios por ejemplo, tienen una gran precisión en cuanto a la descripción y esencia de su persona se refiere. Todos sus nombres son una fiel descripción de quien Él es; de Su naturaleza, Sus atributos y Sus funciones. De ahí que vemos, la gran importancia y el valor en la aprobación que Dios hizo de los nombres que Adán escogió para cada cosa en la creación. Así, cuando Adán le puso nombre a la mujer; Eva, lo hizo basado en el conocimiento pleno de su: naturaleza, diseño, función y propósito. Dios no tuvo nada que objetar ni ajustarle al nombre elegido. Podemos concluir que la aceptación de Dios fue un ¡AMEN! (Gn. 3:20).

Que Eva sea la “Madre de todos los vivientes” es importante porque implica que es:

  • La madre natural, física o biológica de todos los humanos (Gn 3:20).
  • La madre espiritual de todos los habitantes de la tierra (Gn 3:15a).
  • La madre del Redentor de la humanidad (Gn 3:15b).

¿Qué significa o implica esto para nosotras hoy?

En 1er lugar, que en cuanto a nuestra Naturaleza o Diseño: somos progenitoras; dadoras de vida. La voluntad de Dios es que procreemos, formemos y demos valor a los hijos. La maternidad es un don, un privilegio y un mandato.

En 2do lugar, en cuanto a nuestra Función o Rol: fuimos creadas con todas las características necesarias y propias de la función que como mujer y como madre íbamos a realizar.

En 3er lugar, en cuanto a nuestro Propósito: debemos no sólo multiplicarnos biológicamente y dar vida natural, sino que como maestras del bien debemos ser madres espirituales. Debemos forjar en los hijos e imprimir en las mujeres más jóvenes, el carácter de Cristo (Ti 2:3-5), pues ellos son el pueblo que él va a redimir.

Amadas, Adán le puso un nombre profético y muy acertado a la mujer; Eva; la madre de todos los vivientes. Y tú y yo somos hijas de ella, no para repetir sus errores, sino para aprender de ellos siendo madres biológicas, madres espirituales, y siervas obedientes a todo el consejo de Dios.

Oración: Padre gracias por el depósito de la vida y la fe que como mujeres Tú nos has entregado y encomendado. Es una tarea de mucha responsabilidad pero muy gratificante, si aceptamos Tú voluntad y nos dejamos guiar por Tu Palabra. En Jesús, amén.

Violeta Guerra para Maestras del Bien – ©2018 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org