El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano(Lucas 18:11-12).

Al leer el pasaje de Lucas 18 me detuve a pensar en el contenido de mis oraciones, la cual resultó en un ejercicio provechoso y bastante revelador. Noté que nuestras oraciones dicen y revelan mucho más de lo que nos imaginamos. Ellas revelan nuestro crecimiento espiritual, la condición de nuestro corazón, y lo que creemos acerca de Dios, de nosotras mismas, y de los demás.

En la Biblia encontramos una variedad de oraciones que nos sirven de ejemplo y guía para hacer un buen análisis de esta importante disciplina espiritual. Al leer la oración del fariseo de Lucas 18, no pude dejar de asombrarme de cuan parecidas -en muchas ocasiones- han sido mis oraciones a la oración narcisista de este hombre. La oración reveló a todas voces:

  • La arrogancia, suficiencia, y tinieblas de su corazón.
  • Su ignorancia doctrinal y teológica.
  • La necesidad de quebrantamiento, y despertar a una relación viva y real con Dios.

Este fariseo no exaltó a Dios, solo habló de sí mismo, y se refirió peyorativamente de su prójimo.

Tristemente, a menudo nuestras oraciones son como las de este fariseo; vanas, desprovistas de misericordia y sustentadas sobre la base de nuestra propia justicia en lugar de la de Dios. La enumeración de sus méritos en abierta comparación con la de otros demostró el estándar tan bajo por el cual él regía y evaluaba su vida, y el pobre concepto que tenía del prójimo a quien debía amar, soportar y servir. En adición, la teología revelada en su oración era antropomórfica; centrada en el hombre, relegando a Dios un segundo plano. En su pobreza doctrinal él ignoraba que:

  1. Aun nuestras mejores obras son como trapos de inmundicia delante de Dios.
  2. La exaltación del Señor debe ser el centro de nuestra oración.
  3. Dios desprecia los ojos altivos.

¿Qué hemos de esperar de oraciones como ésta? Lucas 18:14 nos da el resultado: “Os digo que éste (el samaritano) descendió a su casa justificado antes que el otro (fariseo); porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”.

Amadas, que el Señor nos ayude a ser verdaderamente humildes, edificarnos en Su Palabra, darle a Dios el centro y la preeminencia, y amar y soportarnos unas a otras.

Oración: Padre, enséñame a orar. Perdóname por pronunciar oraciones estériles, centradas en mí y llenas de jactancia y autosuficiencia espiritual. Gracias por recordarme mis imperfecciones y debilidades, de modo que me mantengan humilde, dependiendo y gloriándome sólo en Jesús. ¡Alabado seas por siempre! Amén.

Violeta Guerra para Maestras del Bien. Derechos reservados 2018 www.maestrasdelbien.org

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