“¿A quién tengo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmo 73:25-26).

Pasaba una vez por un parque cercano a mi casa. Un padre había llevado allí a su hijo para que jugase con su automóvil teledirigido. En cuanto el niño tuvo el control en su mano comenzó a jugar haciendo ir y venir el coche. No prestaba atención a otra cosa que a su hermoso juguete. El padre le estaba hablando, pero él no atendía, solo estaba atento al automóvil. De pronto el padre se acercó y le sacó el control de la mano. El niño se puso ansioso y reclamaba su mando, pero el padre le dijo: No lo vas a tener hasta que me prestes atención.

Esta es la razón por la que Dios nos retira, muchas veces, lo más querido para nosotros, para que le prestemos atención. El salmista habla de dificultades, de lo que ha perdido y no tiene, mientras que otros que viven impíamente no pasan por esos trances. Dios lo llevó a una situación en la que su pensamiento y deseo se centran en Él, y dice: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”. Está hablando de ayuda en las dificultades, buscándola en Aquel que puede darla, como si dijese: ¿Quién es el que puede ayudarme en el cielo o en la tierra, fuera de ti? Cuando las cosas le iban mal sabía que no podía buscar apoyo fuera de Dios. Le busca ahora para que le asista. Sin embargo, cuando le faltaron los apoyos, no pensaba tanto en lo que Dios podía darle, sino que lo deseaba a Él mismo. Es la esencia de la solución de todo problema. El salmista había colocado las bendiciones de Dios en lugar de Dios mismo. Lo que le había retirado le llevó a prestar atención a Dios. Eso le hizo sentir que lo deseaba a Él, no por lo que puede darle, sino por lo que es en Sí mismo.

En las pruebas oramos pidiendo la ayuda de Dios, pero no nos gozamos de Su bendita Persona. El salmista que pasó por grandes dificultades llegó a entender que la mayor bendición es conocer a Dios y estar en Su presencia. No está viendo lo mucho que puede recibir, lo que anhela es el rostro de Dios, por eso dice: “Fuera de ti nada deseo en la tierra”. Dios le quitó las cosas, le privó de bendiciones, para que llegase a esta dimensión: Sólo Dios en el cielo, sólo Él en la tierra. Encuentra que Dios le satisface plenamente y le lleva al nivel más alto de confianza: “Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre”. Acaso estaba muy enfermo y mirando el futuro sabe que su carne no solo desfallece, sino que fallecerá. Pero siente descanso en la Roca eterna. Podía reposar confiadamente, no en las bendiciones de Dios, sino en Él mismo. Sabe que pasara lo que pasara, sería sustentado y no movido. ¿Conocemos esto? ¿Conocemos a Dios de esta manera? La paz viene cuando sabemos que Dios es la Roca eterna y es nuestro Dios personal, que está a nuestro lado para dar firmeza a la fe y descanso a nuestra vida.

Tal vez está retirando nuestros tesoros para que le prestemos atención, y digamos “fuera de ti nada deseo en la tierra”. Sólo cuando ésta sea mi experiencia, El dejará fluir sus bendiciones, porque mi mente estará llena de Dios mismo, y nada ni nadie quitarán de mí, la bendición de Su presencia.

Oración: Gracias por lo que me retiras para elevar mi atención hacia Tí. En el nombre de Jesús, amén.

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento para Maestras del Bien – ©2018 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org