“Atráeme; en pos de tí correremos” (Cantares 1:4).

Cada persona tiene cosas que le cautivan. Estas son, en ocasiones, tan importantes que nos sentimos frustrados y, a veces, deprimidos cuando nos faltan. Si a eso le habíamos dado un valor fundamental en nuestra vida, experimentaremos tanta nostalgia que nos será difícil seguir adelante. Todo esto es consecuencia de un criterio de valoración. Por eso el versículo expresa el deseo íntimo de un corazón que busca mantenerse en lo que es vital. Pide, en una oración corta, que el Señor sea su atractivo para que pueda correr tras sus pisadas, en un seguimiento fiel.

Tres cosas encuentro en el versículo:

Primero, la persona. La esposa se dirige al esposo, nosotros podemos decir lo mismo de nuestro Esposo Celestial. El Señor debe ser nuestro mayor atractivo. Él es Dios manifestado en carne, de quien tomamos todo (Jn. 1:16). En Él habita corporalmente la plenitud de la deidad (Col. 2:9). Necesitamos conocerlo más de lo que lo conocemos, prosiguiendo en conocerle así cada día. Con Él vino la gracia (Jn. 1:17) y en esa gracia se despojó a Si mismo para alcanzarnos a nosotros y salvarnos de nuestras miserias. Su amor se manifiesta estando Él por nosotros (Ro. 8:31). Su misericordia se expresó alcanzándonos en nuestro estado de perdición, haciéndonos miembros de Su familia y dándonos lugar en Su servicio. Su nombre es sobre todo nombre (Ef. 2:8-11). Permite que pasemos por lugares tenebrosos, para sacarnos luego al disfrute de bendiciones sobrenaturales que nunca hubiésemos imaginado. Él mismo es en nosotros esperanza de gloria, Pastor y Amigo personal.

En segundo lugar, está el camino: “en pos de ti correremos”. Nuestro camino es el del seguimiento a Jesús. No podremos encontrar éxito alguno si no es caminando por donde Él pasó antes. Es un camino de comunión, donde las bendiciones son la razón de cada día (Sof. 3:17). Es también de testimonio en donde podemos viviéndole a Él, manifestarlo sin palabras a los demás. Es el de la renovación y de la victoria. Es el camino donde las dificultades se superan con la provisión de Su poder en nosotros que nos fortalece (Fil. 4:13). Es el camino donde siempre hay un lugar para descansar a Su lado y confiarle nuestras tristezas, entregándole nuestras lágrimas. Es un bendito camino en donde las huellas de Sus propias experiencias, semejantes y más intensas que las nuestras, nos sirven de aliento sabiendo que nos entiende y tiene cuidado de nosotros.

En tercer lugar, hay una condición “en pos de ti”. Sí, sólo así, siguiendo a Jesús. Podemos verlo siempre porque está a nuestro lado. Al seguirle atravesaremos confiadamente cualquier situación porque Él va delante de nosotros. Nunca estaremos solos en el conflicto porque Él es nuestro compañero.

Cuando la gloria del Señor es nuestra prioridad, Su atractivo cautivará nuestro anhelo. La inquietud desaparece porque anhelamos ser atraídos por Él. Que el Señor me permita conocer el camino para seguirle con fidelidad. Que mí petición hoy sea como la de Moisés: “Muéstrame tu rostro”. Solo así, atraído por Jesús caminaré en una senda de bendición y de victoria.

Oración: Padre, esta debe ser, y es ahora mi oración: Atráeme. En el nombre de Jesús, amén.

Samuel Pérez Millos, Ministerio Aliento para www.maestrasdelbien.org